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martes, 14 de julio de 2009

Tsao chien!!!

El viernes, 03 de julio de 2009 a las 8:41

Creo que me conozco al dedillo todas las administraciones públicas que hay en Beijing. He tenido que ir varias veces a la policía, a la oficina de visados, al consulado y a la embajada. Y por absoluta e innegable experiencia he de decir que los funcionarios del consulado son una panda de inútiles. Se preocupan exclusivamente de expedirte el pasaporte, el resto (que es mucho papeleo) allá te las apañes tu sólo. No pretendo que me lleven de la mano y que me den palmaditas en la espalda para eructar, pero en lugares como la policía o la oficina de visados donde el inglés brilla por su ausencia es totalmente necesario tener un intérprete. Me busqué la life como buenamente pude y aún no he llegado a comprender como coño me entendí yo solita con la policía, que no saben ni decir yes. Por supuesto todo ha sido a base de meter horas en todas las administraciones y ser más pesada que una vaca en brazos. No quería resignarme a esperar una semana más para que me dieran el visado y ahí…tuve que pedir sopitas. Me prestaron una intérprete de la cámara de comercio española de Beijing. Cristina, una chinita encantadora a la que debo la vida. En cuanto entramos en la Police buro office le explique de qué se trataba la cuestión.

-Cristina, por favor, ya sé que lo legal y normal es que tarden una semana en expedirte el visado, pero no puedo esperar más. Si tengo que pasar otra semana aquí, me tiro por una ventana. Diles lo que quieras. Diles que mi padre está enfermo y que ya he comprado el billete de avión.

Cristina abrió desmesuradamente los ojos hasta casi ponerlos redondos ante mis palabras. No me dijo nada, pero sé que le pareció poco ortodoxo y una ilegalidad como la copa de un pino.

-Vamos, Cristina…nadie lo va a saber. Si hay que pagar más…pues se paga.

Volvió a girar la cabeza hacia mí y abrir los ojos de par en par.

-No es un soborno, Cristina.-le saqué de dudas inmediatamente.-En Hongkong hay que pagar más por un visado urgente.

Sin mucha insistencia por mi parte accedió a hacer el trapicheo y con una reserva de avión que ya no valía (había expirado ya) para el 1 de julio nos acercamos a la ventanilla del jefe de visados.

-Este es el jefe.-me aclaró Cristina.-Un hombre muy majo.

-Pues será contigo.-Pensé para mis adentros. A esas alturas había discutido con casi la totalidad de la plantilla que allí estaba trabajando. Después de una larga conversación en suahili (para mi como si lo fuera) y ver como al jefe se le torcía la cara en una mueca que parecía ser una leve sonrisa, conseguimos arrancarle del cajón de su mesa un formulario para visados urgentes. Es decir, que lo tendría al día siguiente. El resto fue coser y cantar y puro papeleo administrativo. Con rabia vi como las mismas mujeres que me habían ladrado el día anterior, exhibían una amplia sonrisa hacia Cristina, pero me sentía tan feliz (tratando de ocultarlo, si no a ver quien se cree que mi padre está enfermo) que ya no me importaba nada e incluso se me habían pasado las ganas de prender fuego a todo el edificio.

Después fuimos a una agencia de viajes a por mi billete de avión (esta vez real) y adjudicándome el último asiento que había para el día 2 de julio, salí dando saltos y plantando un enorme beso a Cristina. Me acerqué a Sanlitun y me senté en una terraza a degustar una buena cena y una gran jarra de cerveza, había que celebrarlo y no había comido aún. No necesito explicaros el pedo inmundo que me pillé con medio litro de cerveza teniendo mi cuerpo acostumbrado a arroz y verdura hervida…

El tiempo que me quedó restante hasta mi vuelo y mucho más tranquila, lo utilicé para ver la Ciudad prohibida, el Templo de los Lamas y el Templo del cielo. La gran muralla ya la visité el domingo pasado y sin duda fue lo más impresionante de todo. Ver como esas almenas se deslizan sinuosamente a través de montes y montañas es una maravilla con todas las letras. Como fortificación no les sirvió de mucho, ya que fue traspasada por invasores en dos ocasiones, una de ellas por sus vecinos los mongoles (la otra ocasión no la recuerdo). Hice un recorrido de unos 2 km. subiendo y bajando cuestas, algunas bastante empinadas y con un sol ardiente que hacía aún más pesada la caminata. En algunos tramos encontré esos escalones pequeñitos y no muy altos que si los subes de uno en uno, parece que no avanzas nada, y si los subes de dos en dos los muslos te torturan. ¿Qué es lo que nadie cuenta? Pues que los tramos más cercanos a Beijing y por lo tanto más turísticos, Mutianyu y Badalin, tienen un servicio de telesilla para encaramarte a la muralla y un tobogán gigante para que te deslices a la base de nuevo, quitándole un encanto irrecuperable. Pero en definitiva, es un lugar tan maravilloso, que por mucho que lo afeen, seguirá siendo el estandarte del turismo en China. No se puede decir lo mismo del trozo de muralla de Badalin, que, según me han dicho (yo fui a Mutianyu) lo han convertido en un auténtico circo.

Por cierto, ¡recibí mi primer empujón de los empujadores oficiales del metro! Ya sé, me diréis que eso es en Japón, pero probad el metro de China en hora punta…Aquí son un poco más de pueblo, los tíos berrean a todo el mundo. Recuerdo que mientras estábamos apretujados los unos contra los otros había una chica a mi derecha que pudorosamente se tapaba el escote. Me pareció un poco exagerada, hasta que giré mi cabeza a la izquierda y vi a un desagradable hombre incrustando sus ojos en mis tetas. Acto seguido me subí la camiseta hasta el cuello. Me he pegado unas pateadas tremendas porque a pesar de tener una buena red de metro, las estaciones están a tomar por saco unas de otras. Es una ciudad tan grande que hubiese sido imposible hacerlo de otra manera, si hubiera más estaciones eliminaría el sentido por el que se hace el metro: rapidez y eficacia. Tendría que parar demasiado a menudo y los trayectos se harían eternos. Sospechad si alguien en Beijing os dice que un lugar está cerca, vuestros 20 ó 30 minutos andando no os los quita nadie. Eso es cerca.

Hay dos cosas más que me han llamado la atención de esta ciudad. Primero el tiempo, equivocadísima creí que sería más fresquito, pero de eso nada. El clima es continental, nieve en invierno y 40ºC en verano. Lo segundo es la gente. Pensé que en su capital vería a la gente de otra manera, como ocurre en las capitales europeas: mejor vestidos o con otros aires diferentes a las pequeñas ciudades más rurales a las que estoy habituada. Pero me encontré con las mismas miradas inquisitivas de quien parece no haber visto nunca un extranjero, la misma poca formación en sus trabajos ausentes de idiomas y con un modo de vestir que no me sugería que vivían ni mejor ni peor, si no igual. Supongo que es la primera vez que me encuentro cara a cara con un síntoma real del comunismo, en el cual no hay clases sociales sea donde sea. Su formación, estatus y nivel adquisitivo es el mismo en pequeñas y grandes ciudades, exceptuando Hongkong y supongo (y digo supongo porque no he estado) Shangai, donde los yuppies y brokers pululan por doquier ondeando a su paso americanas de Dolce & Gabanna.

La Ciudad prohibida y el Templo del cielo…bueno…quizá he visto ya demasiados templos. Por supuesto no dejo de reconocer que son lugares preciosos, pero me ocurrió un poco lo mismo en Escocia. El primer castillo que vimos (cuatro paredes en ruinas) nos pareció la leche y lo fotografiamos por todos los costados, pero cuando ya llevábamos a nuestras espaldas 200 castillos, dejaron de ser tan enigmáticos y maravillosos. Lo que si me gusto, por ser diferente a lo que había visto hasta ahora, fue el Templo de los Lamas. La fisonomía del lugar es del mismo estilo a la Ciudad prohibida: pagodas situadas en preciosos jardines en línea recta a las cuales vas entrando y saliendo de unas estancias a otras hasta llegar al final. Lo sorprendente del Templo de los Lamas es que la cosa va in creccento. Las primeras pagodas exhiben pequeños Budas e imágenes de Kuan Yin perfectamente decoradas con una exquisitez y unos coloridos inigualables. Luego las estatuas se van tornando más grandes y más numerosas a cada pagoda que vas entrando. En la última, según me acerqué a la puerta, solo acerté a distinguir unas rodillas. Cuando estuve dentro, un enorme Buda dorado de dos pisos con sus manos en forma de om sujetaba largas tiras de seda de colores llamativos que pendían desde el techo hasta quedar depositadas en sus gigantescas manos. Parecía empotrado en la pagoda, su cabeza rozaba el techo. Me hizo recordar a aquella estatua de Zeus olímpico que pertenecía a las siete maravillas del mundo antiguo. Dicen que, al igual que este Buda, la estatua era tan magnífica y grande que tuvieron que construir el templo a su alrededor como si de un sastre se tratara. Volviendo al Templo de los Lamas, el olor del incienso que la gente deposita para hacer sus rezos (que devotamente lo hacía la mayoría de la gente) te llena los pulmones y el espíritu con fragancias de miles de flores. También es divertido ver como los Lamas están a sus quehaceres diarios, pareciendo no advertir la marabunta de gente que hay a su alrededor. Amablemente se dejan fotografiar y…no sé si es por el pelo rapado o por que llevo ya mucho tiempo aquí, que me parecieron los chinos más guapos que había visto nunca. ¿Veis? Esta es otra de las razones para volver a casa. Creo que ya no rijo…

Os escribo desde el aeropuerto de Beijing, donde, a pesar de mi extraño papeleo, no me han puesto ninguna pega en los numerosos controles de seguridad y voy rumbo a casa. Incluso en la aduana, el policía que me ha atendido, que usualmente tienen una cara de palo de no te menees, me ha soltado un sonriente hola mostrándome sus dotes lingüísticas. Tsai chien!!!

Para los que perdáis el pasaporte:

1. Haced la denuncia de la perdida del mismo en la policía. Si ha ocurrido en el aeropuerto, debéis acudir a la oficina de policía de allí.

2. Tenéis que conseguir un permiso de residencia temporal. Presentaos en la oficina de policía más cercana ha vuestro hotel, residencia o casa. Pedid en la recepción de el hotel que os expidan un papel donde se explique que estáis allí registrados y así poder presentarlo en la comisaría. Tened el número de teléfono a mano para que puedan corroborarlo. Si estáis en casa de un amigo, acudid a la oficina con él.

3. Con la denuncia de la perdida debéis acercaros a la oficina de visados donde os expedirán una denuncia formal en bilingüe (chino e inglés) imprescindible para recoger vuestro nuevo pasaporte en el consulado español.

4. Haceos 8 fotos: 2 para el informe de pérdida del pasaporte, 4 para el pasaporte y otras 2 para el nuevo visado.

5. El pasaporte cuesta 120 RMB y el visado 160 RMB.

Otros detalles sobre la ciudad:

1. El taxi desde el centro de Beijing hasta el aeropuerto cuesta alrededor de 60 RMB (6 euros). También hay metro y autobuses, pero ya sabéis que yo soy muy comodona…

2. El metro cuesta 2 RMB vayas a donde vayas y hagas los transbordos que hagas. Quizá en los extrarradios es más caro, no os lo puedo confirmar, pero no creo que mucho más.

3. Para ir a las afueras es mejor alquilar un taxi para el día entero, y así poder visitar a vuestra bola las tumbas Qing y la Gran muralla china. A mí me costo 400 RMB pero soy muy mala regateando, seguro que conseguís un precio mejor.

Imágenes: Moralesrojas

viernes, 20 de junio de 2008

Menuda movida para el visado...

El lunes fuimos Lena y yo a Hongkong para pedir un nuevo visado para mí y ya de paso hacer un poco de turismo. Con el rollo de los Juegos Olímpicos, solo me dieron un visado de turista para un mes (y normalmente me dan para 1 ó 2 años) y con una sola entrada, es decir, que si en ese mes salgo del país, no puedo volver a entrar (y los anteriores visados fueron de múltiples entradas). El caso es que ya había agotado mi mes y necesitaba una prorroga de un mes más.

Las autoridades Chinas quieren que absolutamente todo el mundo esté bajo control. Ángel, el director de la cámara de comercio española, me comentó que hace un días recibió un e-mail en el que se explicaba que a partir del 1 de julio las medidas de seguridad se incrementarían. Todo el mundo ha de constatar donde reside en China, ya sea en hotel o en vivienda privada. En el caso de pasar una noche en cualquier otro lugar, has de acudir a la oficina de la policía más cercana para hacerlo saber. Es decir, que si vas a casa de unos amigos a cenar, te pillas un pedo como un olivo y quieres quedarte a dormir la mona, ya puedes ir pasando por la oficina de los pies planos si no quieres recibir un multón. Está claro que el gobierno quiere saber en todo momento donde estás, que haces, que comes y cuando cagas. Desde luego, si algún terrorista la quiere liar lo tiene muy clarito...

Bueno, que me enrollo, a lo que íbamos. El caso es que Hongkong fue un viaje un poco accidentado. Lo primero fue que perdimos el tren y tuvimos que comprar otro billete y esperar al siguiente. No es que sea caro (cuesta 192 RMB) pero es una jodienda, todo hay que decirlo.

Una vez allí, creí sentirme segura entre los amorosos conocimientos de Lena, pero resultó ser que no conocía Hongkong para nada. Ángel nos comentó que saliendo de la terminal de Ferry y todo recto se encontraba nuestro hotel, el Royal Pacific (muy recomendable). Incluso nos hizo un pequeño croquis de la zona indicándonos también la oficina para tramitar el visado, la cual se encontraba cerca del hotel. Ni corta ni perezosa hice a Lena sabedora de mi experiencia en Hongkong y le indiqué donde se tomaba el ferry de Kowloon a Lantau island, desde el cual se ven unas maravillosas vistas del skyline de la ciudad. Hasta ahí todo bien. A la salida de la terminal del ferry una vez en Lantau island, y con el tiempo muy justo debido a la perdida del tren, decidimos que lo mejor sería tomar un taxi para ir directamente a hacer el visado antes de que cerrasen. No podíamos demorarnos, significaría tener que quedarnos en Hongkong durante unos días de los que no disponía. Y...¡¡sorpresa!! el taxista nos dice que la oficina está en Kowloon, no en Lantau island. Y si, según Ángel, se encuentra cerca del hotel...es que nos encontrábamos en la isla que no debíamos y equivocadas del todo. En fin, que nuestro recorrido en ferry fue más turístico que fructífero.

Ya de vuelta en Kowloon, entramos como una exhalación a la oficina. Entregué a la pintorrojeada mujer mi pasaporte, las fotos horribles que me hice el sábado pasado y....¡m****a! ¡Olvidé imprimir el localizador de mi vuelo!

Corriendo (ya que eran las 14:30 y los visados terminaban a las 15:00) fuimos a un edificio cercano donde nos habían comentado que había un cibercafé. Después de dar unas cuantas vueltas histéricas encontramos un lugar minúsculo donde pude acceder a mi cuenta de correo electrónico e imprimir lo que necesitaba. Otra vez a la carrera volvimos a la oficina, pero la "amable" señorita me dice que aquello no era válido, ya que no aparecía mi nombre. Desesperada releí el papel para constatar que la muy arpía tenía razón. Es más, en la parte superior del mismo había una nota de Begoña, la mujer de la agencia de viajes, que decía tener problemas con el sistema, que no podía mandarme el localizador y que sólo me podía decir los números de vuelos y los horarios. Que bien. La chinita de turno nos invitó a que nos enviasen el localizador al número de fax de la oficina, pero...ya eran las 15:00 pasadas de modo que en vez de tener el visado para el día siguiente, tenía que esperar un día más. Que fracaso. Abatidas nos desplomamos en unas sillas de plástico e intenté contactar con mis compañeros de la oficina, ya que el número de teléfono de la agencia de viajes lo tenía en el portátil, allá en la espesura tropical de Guangzhou. En la pantalla de mi teléfono chino aparecía "número no valido" y por más que lo intentaba solo conseguía que contestase un chino diciéndome a grito pelado:

-¿Wai?¿Wai?

Tomé mi móvil personal temblandome las piernas de pensar en la factura y llamé a mis compañeros esta vez con más éxito. Rápidamente les dije lo que me ocurría y que se pusiesen en contacto con la agencia de viajes. Después de lo que me pareció una eternidad llegó nuestro fax. La del rimmel lo tomó con sus uñitas pintadas y sin ni si quiera mirarme a los ojos me dice que tampoco es válido, que es una reserva, no un localizador. Lo releí y de nuevo tenía razón la muy...Atacada de los nervios llamé de nuevo a mis compañeros para que pidiesen a la agencia el localizador que siempre me mandaban, que solo ese era válido. Después de varios trejemanejes del tipo "te tiene que valer" y "pues no, coño, no me vale" y de que se callese el sistema a los de la agencia de viajes y tener que esperar casi una hora, cooooooonseguimos el deseado papelote. Ahora tocaba rogar a la chinita. Después de varias negativas, de apretarle las tuercas un poco y de poner cara de buenas, nos dijo que por 600 RMB más podía hacérnoslo para mañana. Ay, señor... si es que en este jodido mundo lo único que funciona es el vil metal...

Más contentas y con los deberes hechos fuimos a poner a punto nuestros estómagos, nos moríamos de hambre. Pero nos ocurrió algo que fue la pauta predominante de nuestro viaje: si buscábamos restaurantes solo veíamos tiendas, y si queríamos ir de shopping solo encontrábamos restaurantes. Por fin en un pequeño callejón vi un cartel en el cual escrito a mano ponía "Kebap" y nos sentamos en una pequeña terracita refugiadas de la intensa lluvia que parecía no parar. A nuestro lado fumaba un cigarrillo un occidental que no paraba de mirarnos mientras nos decidíamos entre lamb, chicken o beef. Me pareció raro porque, así como en Foshan o en Guangzhou la presencia de occidentales es mucho menos habitual y hasta te saludan por la calle, en Hongkong, una de las ciudades más cosmopolitas del mundo, nadie te mira por tener los ojos redondos. Antes de pegar el primer bocado a nuestro kebap, nuestro vecino de mesa se dirigió a nosotras en castellano con acento sudamericano:

-¿Cómo es que una china habla español?

Así que era eso lo que le llamaba la atención. Resultó ser un colombiano encantador con el que no paramos de reírnos. Trabajaba como arquitecto desde hacia bastantes años entre Macao y Guangzhou y compartimos esa visión que sólo los occidentales tenemos sobre el modo de vida y trabajo de los chinos. A veces me daba un poco de vergüenza que comentase ciertas cosas delante de Lena por temor a que se sintiese ofendida, por ejemplo que te dicen a todo que sí y que luego hacen lo que les sale al pairo. Pero automáticamente y con cara de adulador tomaba el brazo de Lena y le decía hacerlo desde el cariño. Le comenté que lo que más me llamaba la atención es que cuando hago un sólo comentario del tipo de: "el color del tejido no es correcto", ellos se tiran hablando dos años y medio Dios sabe de que. Nuestro amigo colombiano se prestó a traducirnos y según él:

-La vieja esta...que dice que no le gusta el color. Pues no lo vamos a cambiar ahora. Se lo volvemos a enseñar mañana y le decimos que es un poco más oscuro, a ver si cuela.

En realidad es lo que había sospechado siempre pero nunca me atreví a decir. Esta vez fui yo la que tuve que hacer de interprete para ella y descifrarle expresiones como "pelotudo" o cosas por el estilo.

Imágenes: Spanish xinhuanet