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martes, 14 de julio de 2009

The end of the pillow

El Domingo, 21 de junio de 2009 a las 11:01

El viernes una de las chicas de la recepción llamó a mi habitación, acompañada de una de las mujeres que arreglan los apartamentos. Después de una buen rato de conversión para besugos, deducí que me preguntaba que había ocurrido con las fundas de las almohadas de una de las camas (son dos). Acertó a decirme que la mujer que la acompañaba no las había encontrado y a estas alturas de hartura y mosqueo lo único que gruñí fue un "no es mi problema". Se fue como había venido, no sin dejarme pensando que iba a tener tangana. Los conozco como si los hubiera parido.

Al día siguiente, sábado, a la vuelta de mis fructíferas compras, la encargada que en su día me ayudó, Nana, atacó con la misma retahíla y recibió la misma negativa. No way. No entendía como, después de lo ocurrido, podían acusarme e intentar cargar a mi cuenta dos putas fundas horribles y floreadas. Que ridiculez.

-¿Para qué quiero yo esas fundas?-espeté a Nana-¿Para mi casa?¿PARA QUÉ?¿P-A-R-A-Q-U-É?

Volviéndome mal pensada a más no poder, no pude evitar dilucidar, mientras volvía enfurruñada al apartamento, que la occidental y amigable ayuda que recibí de Nana el día aquel, fue mucho más interesada de lo que yo suponía. Ahora lo veía claro. Me acompañó a comisaría solo por el simple hecho de asegurarse de que no ponía al hotel en mal lugar. Ni más ni menos. En cuanto a las puñeteras fundas de almohadas, a este tipo de actos Ángel y yo lo llamamos Chinese way, la culpa siempre es de otro y si además es laowei*, con más razón. Es el pan de cada día cuando trabajo en las fábricas. Sus infantiles excusas llegan a grados insospechados, si hablas con el trabajador, es que el encargado no le ofrece ayuda; si lo haces con el encargado te dirá que la culpa es del jefe y una vez estas en el último eslabón, te explica que la culpa es nuestra por hacer diseños tan complicados. Dios...¿es que Confucio no enseñó nada a esta gente?

Hoy domingo, totalmente decidida, hice las maletas. No quería más vuelos rasantes de mosquitos sobre mis oídos, ni más acusaciones, ni más olor pestilente en el comedor durante el desayuno, ni volver a soportar la mugre acumulada día tras día sobre la mesa de la sala. Quizá mi amiga Raquel tiene razón y una vida bohemia como perroflauta o de estilo hippie es la antítesis de lo que soy en realidad, y que mi idea de dejarlo todo e irme de misionera a una tribu perdida de la mano de Dios es lo más descabellado que puedo hacer. Sus palabras exactas fueron: -¿A una tribu?¿A cuál?¿A la tribu de los tacones?-. No puedo engañarme, todo eso no va conmigo, soy una pija empedernida.

De modo que después de discutir otro poco más en la recepción (menos de lo que creía, lo reconozco) a causa de las fundas, hice el check-out y tomé un taxi con todos mis bártulos, que eran muchos, para dirigirme al Garden hotel, un 5 estrellas maravilloso en el que ya había estado anteriormente. Ooooooh...que placer....hasta el botones de la puerta habla perfectamente inglés, ¡casi me agacho a besar el suelo! Montones de extranjeros zumbaban de un lado a otro mientras el botones anotaba la matrícula del taxi por si acaso había olvidado algo en él y yo no podía sentirme más feliz. Reservé la habitación ejecutivo con una recepcionista sonriente y disciplinada. Y había olvidado que en este hotel tienen un empleado para que no te rompas la uña pulsando el botón del ascensor. ¡Me sentía embriagada con tanto agasajo!

Más relajada y dejando atrás el lujo y la complacencia, me dirigí hacia el funicular y así encaramarme a Baiyun mountain, quería olvidarme del pasado sudándolo por todos los poros de mi piel. Y dicho y hecho. Un sol de justicia me machacaba en mi ascensión cuando me bajé del funicular. 40º C y un 90% de humedad mojaron mi cuerpo cuando solo había avanzado 500 metros. Me había imaginado otra cosa, esperaba algo así como Artxanda**, con lugares para tirarte a la bartola y no hacer nada. Pero lo que me encontré fue un parque inmenso con carteles para que no pises el césped y carreteras asfaltadas por donde podría pasar hasta un trolebus. Según ascendía la cosa cambiaba y las carreteras se convirtieron en estrechas y empinadas escalinatas donde apenas entraban mis pies. El rugido de los insectos se intensificaba sitiendome un poco aprensiva y un zumbido fortísimo pasó junto a mí. Cerré los ojos asqueada, pensando que aquel moscardón debía pesar media tonelada. Pero cuando los abrí vislumbré un pico y unos ojillos ¡era un colibrí! Mariposas hermosamente coloreadas y del tamaño de mi puño reboloteaban con gracia a mi alrededor y me acompañaban en todo momento. Me senté en un banco con mi libro dejando que la fresca brisa curase las heridas de tan mala racha. Esto ya era otra cosa. Esta soy yo.

Para rematar la jugada y después de dejar los dedos marcados en el asiento del funicular (Jesús, vaya altura...) llené la bañera de mi habitación de agua templada y sales aromáticas. Me deslicé a su interior sintiéndome como una niña aún en la tripa de su madre. Armada con cigarrillos, cenicero y un buen libro, el poco mal humor que me restaba se evaporó poco a poco hasta convertirse en nada.

laowei*: Extranjero en chino.
Artxanda**: Monte cercano a Bilbao.

Imágenes: Solostocks

Police breakfast

El lunes, 15 de junio de 2009 a las 16:09

Madre...no sé ni por donde empezar...

Esta mañana me estaba volviendo loca buscando mi móvil español, levantando carpetas, abriendo maletas y dando vueltas como una imbécil por todo el apartamento. Nada. Intenté pensar que había hecho la última vez con él y recordaba haberlo dejado sobre la mesa de la sala. Me fijé en que mi billetero estaba fuera del bolso, donde estaba segura de que yo no lo había dejado. De pronto una angustia me invadió y corrí hacia él como una exhalación, abrí temblorosamente la cremallera y comprobé que los 2000 RMB (unos 200€) que ayer saqué del cajero habían desaparecido. Incluso los 60€ que tenía y hasta el maldito billete de 100 RMB falso. Esto no podía estar pasandome a mí. Siempre llevo el dinero encima y si lo dejo en la habitación de un hotel es porque hay caja de seguridad. Al instante vino a mi mente lo extraño que me pareció que un hombre haga las habitaciones de un hotel (jamás he visto uno) y que mientras hacia sus tareas yo me pegaba una ducha tranquilamente y ajena a todo. Tal y como me había levantado de la cama (es decir, en pijama) bajé a la recepción pero de nuevo mi di de bruces contra una pared ya que el vocabulario en inglés de la chinita en cuestión se reducía a "book", "breakfast" y "room rate". Me dijo como pudo que no me entendía y que a las 8:00 venía su encargada, que sabía inglés. De muy mala gana me fuí a desayunar y mientras se me atascaba el café en la garganta por la preocupación decidí llamar yo misma a la policía. De nuevo la barrera lingüística me impide comunicarme como es debido y la operadora me insta a buscar alguien de habla china de mi alrededor. Otra vez, y aún en pijama, tomé el ascensor hacia la recepción y (gracias a Dios) Nana, la encargada había llegado.

Recordaba aquella cara, una chica encantadora que me solía decir lo guapa que iba siempre. Le expliqué todo lo que había ocurrido y mis sospechas hacia aquel chico y resultó que no tenía contrato alguno y tan sólo sabían su nombre de pila, que vivía en la provincia de Guangdong y donde trabajaba anteriormente. Que país, por Dios...Después de una buen rato hablando con la policía por teléfono y trasmitiéndome sus preguntas, me derrumbé pesadamente en una silla del "lobby" y lloré amargamente. Lloré por los 100 RMB falsos del día anterior, lloré por la pasta de ese mismo día y lloré por rabia, ira e impotencia. Noté la mano de Nana en mi hombro en un intento de ánimo y cuando me consolé les dije que si preguntaban por mí, estaba en mi apartamento tomando una ducha y adecentándome.

Sólo hice abrir la puerta cuando sonó el teléfono del apartamento. La policía había llegado. Por tercera vez bajé a la recepción con el móvil, tabaco (muy importante en estos casos) y pasaporte. Me dijeron que quería echar un vistazo a mi apartamento y tomar algunas fotos. Allí me pidieron que colocase el bolso donde estaba el día de autos (cosas que oigo en la tele) y yo aún con el traje de luces. En esos momentos no me importaba demasiado pasearme por todo China en pijama, teniendo en cuenta que ellos visten de tal manera que parecen venir de la piscina. Nana me explicó que debía ir con ellos a comisaría para tomarme declaración y ella misma se ofreció a acompañarme. Me subí a aquel patrol con la desagradable sensación de haber hecho algo malo y las inquisitivas miradas de los viandantes cuando nos parábamos en los semáforos no me ayudaban en absoluto. Durante el corto trayecto agradecí a Nana su ayuda y ella me explicó que anteriormente trabajada para la embajada inglesa y que le gustaba ayudar a la gente, su trabajo en el hotel no le reportaba mucho. Me enumeró un montón de casos mucho peores que el mio, donde las sumas de dinero eran más altas y acompañadas de portátil y pasaporte. Siempre he dicho que el mal ajeno no me hace sentir mejor, pero reconozco que me reconfortó un poquito.

En la comisaría me tradujo los datos que tenía que rellenar en el formulario para después escribirlos ella en chino, y al cabo de unos minuto de cigarrillo y más lágrimas nos llevaron a otra sala para explicar todo lo sucedido. Lo único que encontré gracioso fue cuando me pidieron que describiese al tipo en cuestión. Sus únicas preguntas fueron sobre la altura y si tenía los ojos juntos o separados ¿¿¿¿¿?????? No sé si esa es su rutina o es que me vieron extranjera y creyeron que iba a describirle igual que a la mitad de la población china. Cuando ya hubo rellenado 3 folios de garabatos, tomó la huella de mi índice y la estampó a razón de 5 veces por folio, firmé y nos llevaron de vuelta a mi apartamento. Ahora puedo afirmar con seguridad que cuando ponen de repente las luces y sirena es simplemente porque les jode esperar en un atasco.

Bueno, no me extiendo más, sólo deciros que me dijeron que ellos mismos contactarían con la embajada española, que le agradezco profundamente a Nana todo lo que hizo por mí y que ya os contaré cuando tenga noticias.
Imágenes: Ecodiario

Totally fake

El Domingo, 14 de junio de 2009 a las 12:55

Ayer me la dieron como a un chino...Bueno, esa frase hecha no tiene mucha razón de ser aquí, de haber sido china, no me la hubiesen pegado.

Me acerqué a un cajero próximo a mi apartamento de "Agricultur bank of China", el único que acepta tarjetas extranjeras, o por lo menos la mía. Había quedado con Mary para salir de marcha y fuimos al "Babyface", el bar de moda de Guangzhou, pero estaba demasiado lleno, una pena. En la misma calle y en otro bar sacamos unas cervezas (que están a precio de oro, no se ni como pueden salir de casa con los sueldos que tienen) y pagué con 200 RMB al camarero de pelo puntiagudo. Al cabo de un rato apareció de nuevo con uno de mis billetes de 100 RMB aduciendo que era falso. Ya me había ocurrido en otras ocasiones, en algunos lugares no aceptan billetes nuevos, prefieren los mugrientos y medio rotos o incluso ya rotos del todo. Pensé que eran unos quisquillosos y que ya lo endosaría en cualquier otro lado pero cuando tuve el dichoso billete en mis manos incluso yo misma me di cuenta de que el tacto era totalmente diferente, como de folio de copistería. Creo que me hubisese dado cuenta y dudo que un banco no chequee la supuesta falsedad o no del dinero que entra y sale por sus puertas y cajeros. Mary confirmó mis sospechas: también ella creía que me habían pegado el cambiazo en el bar.

Ya que en mi blog Cantoneando hablé de las virtudes de los chinos, esta vez me gustaría hacerlo con la cara menos amable de este país. Empezaré con las diferencias educacionales, a años luz de las occidentales. Desde eructos y mondarse los dientes en la mesa o escupir por la calle junto a tus pies, a veces se nos hace duro y difícil, y aunque procuras mirar hacia otro lado (porque dejar de importarte no ocurrirá nunca) en ciertas ocasiones te gustaría dar una "toñeja" al tipo que está sorbiendo sopa o masticando ruidosamente y con la boca abierta. Las dificultades de entendimiento son increiblemente grandes, puede que sepan literalmente el significado de lo que dices, pero no a que te refieres ni lo que quieres explicarles en realidad: te entienden pero no te comprenden. Y eso hablando de los pocos que saben inglés, claro. En una cola ni se os ocurra esperar a una distancia respetable del siguiente, por dentrás vendrán y delante tuyo se colarán. Su forma de conducir, andar y trabajar es lenta pero sin pausa. Parecen caminar despacio y sin prisa pero si alguien les obstaculiza el paso jamás esperan, empujan. En ciudad no superan los 50 km/h al volante pero si hay peatones cruzando un paso de cebra, se abren paso entre ellos como si llevasen a alguien a punto de parir. Procuras no darle importancia, pero a veces te revientan las miradas directas, fijas e impúdicas de quien parece haber visto un fantasma, e incluso se dan la vuelta para poder morbosamente ver a ese elemento extraño que es el extranjero para ellos. Y si algo no sale bien son capaces de darte las explicaciones más absurdas que podáis imaginar y culpar desde a su compañero hasta a su propio gobierno. Vamos, que con tal de salir airosos te pueden decir hasta que son el toro que mató a Manolete.

Otro tema a tratar es la cantidad de gente que puedes ver haciendo nada, tanto en la calle como en sus puestos de trabajo. En la mayoría de lugares de cara al público los dependientes, camareros, etc...superan a los clientes en número y muchos puestos son innecesarios o irrelevantes, como encontrarte a 4 ó 5 personas que su única función es darte la bienvenida a la puerta de un restaurante. Supongo que de eso se trata, ya que su formación es escasa y su modo de trabajar lento e impreciso, lo suplen con mucho personal, pues mano de obra nos les falta. La política gubernamental de los años 50 instaba a la sus gentes a crecer y multiplicarse, dicen que para poder superar un ataque nuclear (si somos muchos, siempre quedará alguien sano). Entendieron que su gran baza era su desmesurada población, un modo barato y omnipresente de aterrorizar a sus paises vecinos. ¿Quién no a oído aquello de que si todos los chinos diesen un salto a la vez sacarían a la Tierra de su órbita? Aunque sinceramente, no sé en que estudio cientifico se han basado para hacer esa afirmación...

En fin, un poco quemada y desanimada, hoy me he pegado una pateada tremenda para llegar a la isla de Shamian, un reducto europeo fruto la segunda guerra del opio. Después de la derrota, China permitió a franceses e ingleses que habitasen está pequeña isla que en aquel entonces no era más que un banco de arena. Sentía la perentoria necesidad de sentirme abrazada por el estilo colonial y las iglesias católicas, buscando el calor de lo más cercano y parecido a mi hogar. Ay...que cuesta arriba se me hace algunas veces...

Imágenes: Biglobe

Maldito monzón

El jueves, 11 de junio de 2009 a las 13:43

Aún noto caquita en los pantalones...He venido con un taxista haciendo el rally Guangzhou-Dakar, pa' haberme matao. No ha permanecido en su carril ni un solo momento zigzagueando como un loco, a dado las largas hasta a los abuelos y todavía me duele el cuello de los frenazos y acelerones que pegaba continuamente. Ya me ha avisado Angel, los días de lluvia es muy dificil coger un taxi (maldito monzón que me tiene frita) casi me tiro a las ruedas de uno para que parase. Y ni os cuento como iban los autobuses, ¿sabéis los botes de anchoas que están todas pegaditas al cristal? Pues así. De modo que los muy cabrones de los taxistas conducen como el diablo para hacer caja. Me puesto hasta nerviosa porque no conseguía sacar los billetes de la cartera, aunque ¿qué me iba a hacer?¿darme las largas?

Hoy me han dicho que tengo que ir a ver una fábrica nueva, en el norte de China. Si Beijing está a 2 horas y media en avión, esta fábrica está a 3 horas. Yo creo que se han confundido y será en Ulan Bator o algo así. El caso es que en el taxi, entre frenazo y frenazo, se me ha ocurrido que quizá sea mi gran oportunidad de conocer Beijing, siempre que miro vuelos para ir allí están por las nubes. Lo que me acongoja es que la fábrica en cuestión debe estar en una zona rural y deshabitada, así que las posibilidades de traerme un virus aviar, porcino o equino son mucho más altas. ¿A qué me enfundo en plástico como los de inmigración del avión? Les digo que es la última "spanish fashion" y a correr...
Imágenes: Telecinco

Con la gripe "Don Pimpon"

Como blogger está prohibido en China (me fue imposible acceder, aunque sea solo para publicar sin visualizar ni nada, como la última vez) insertaré la fecha real de estas entradas para que os enteréis un poco de que iba la cosa.

El lunes, 08 de junio de 2009 a las 15:08

No se como me las arreglo pero a mí en China siempre me pasa de todo, mi llegada ha sido de lo más surrealista. Una vez el avión ya se había posado en tierras cantonesas y el piloto había "aparcado" el aparato, las azafatas insistían en que no nos levantasemos de nuestros asientos. A través de los altavoces nos informan que tenemos que esperar a el personal de inmigración y que nos abstuvieramos de hacer fotos. Yo no entendía nada. El tiempo pasaba y el personal se empezaba a impacientar: allí no aparecía nadie. En un momento dado y para amenizarnos la espera, el piloto salió de su cabina con una baraja de poker y comenzó ha deleitarnos con juegos de magia. Pedía a los asistentes que escogieran una carta para después frotarla sobre los galones de las mangas de su chaqueta y convertirla en otro naipe diferente. Increible. Porque estoy en China, si no pensaría que era una broma del programa "zumbados" de la ETB.


Me pareció que al final del pasillo había movimiento y asomé la cabeza para ver de que se trataba, ya que había un montón de gente haciendo fotos. Cuando la muchedumbre se apartó pude ver a una persona enfundada en un traje de plastico desde la cabeza a los pies y con la cara tapada por una mascarilla. Parecía recién sacado de una película sobre amenazas víricas. Nuestro turno se iba acercando, y unos asturianos sentados en el asiento contiguo me vacilaban diciendome que evitase esa tos perruna fruto de la "Philip Morris" o me mandarían de vuelta a casa. O peor aún, en cuarentena sin poder salir de la habitación de mi apartamento. Por fin el hombre mascara se nos acercó y con una pistolita dirigida a la frente nos midió a todos nuestra temperatura corporal.Razones supongo que no les falta, pero me he sentido como una tuberculosa. No quiero ni pesar si me pongo enferma aquí...No, XD!!!!

viernes, 5 de junio de 2009

Y volveeemos a la carga....

Os he tenido un poco colgados, mi último viaje a China fue una locura y no tuve tiempo de contar nada de nada, pero he escrito esta entrada para que sepáis que vuelvo a la carga. El próximo domingo día 7 vuelvo a la ruta de la seda, al arroz blanco y pulcro, y al insano y húmedo calor tropical. Esta vez estaré casi un mes (hasta el 1 de julio), y ya os iré contando como va la cosa, si la casco de un parrus por el calor o qué.

Aunque me suelo abstener de criticar a los países que me acogen, aunque sea por poco tiempo, quería invitaros a reflexionar sobre algo que no hace más que dar vueltas en mi cabeza. Lynn, la interprete que me suele acompañar allá donde voy, está embarazada y soltera, para más señas. Nadie sabe quien es el padre, y ella se niega a decirlo, pero aún así, esto no es lo peor de la historia. La gravedad de la cuestión es que en China está prohibido quedarte embarazada sin haber contraído matrimonio. Bueno, quizá prohibido no es la palabra, nadie va a multarte ni meterte a la cárcel. De lo que se encarga el gobierno es de ignorar totalmente a la criatura, como si no existiera. No podrá recibir asistencia sanitaria ni, en el futuro, educación pública. Su nombre y su foto no aparecerán en el censo de ninguna administración porque ese niño definitivamente no existe y está abocado a ser además de un bastardo, un paria. Una práctica de lo más medieval.

Más tarde me explicaron que en China tienen dos IDs diferentes: urbano y rural. Esta diferenciación se realiza por motivos de control de natalidad, ya que con un carné urbano solo puedes tener un descendientes y, en cambio, con uno rural, la maravillosa suma asciende a dos cabestros por pareja. El rollo es más enrevesado, pues los padres que han sido hijos únicos pueden tener más prole que los demás, bla, bla, bla...El caso es que Lynn, además de haberse quedado embarazada del hombre equivocado (no me lo he inventado yo, las malas lenguas dicen que está casado y no reconoce al bebé), es el único niño que podrá tener en toda su vida. Si el día de mañana conoce a su media naranja se tendrán que comprar un perro, porque de niños tururú.

Lynn, como seguramente tantas chicas chinas, volverá a su hometown, acullá en el norte, en una zona rural cerca de la frontera con Mongolia. Allí arreglarán un falso casamiento, sobornando un poco al alguacil de turno. Me han dicho que con 3.000 RMB (unos 300€) es más que suficiente. De este modo tendrá en sus manos un ID rural y una nueva oportunidad de hacer las cosas como Dios manda, y así tener otro vástago con alguien más adecuado y menos hijodeputa. Recién parida y sin perder muchos días de trabajo (así es Lynn) volverá a Guangzhou, dejando aquella huérfana criatura al cuidado de sus abuelos en un pueblito al que solo regresa una vez al año en febrero, por año nuevo chino.

En las zonas rurales todas estas historias les parecen txorradas. Sus arrozales necesitan manos jóvenes y fuertes para salir adelante, y no dudan en tener hijo tras hijo llevando al registro civil únicamente a dos de ellos. Según la Wikipedia, en 2006 tenía una población oficial de 1.313.973.713 pero...no os dejéis engañar!!! Son muchos más!!!

lunes, 1 de diciembre de 2008

Aquí otra vez y sin maletas

Bueno, pues ya estoy intalada de nuevo en Foshan. Como siempre y por no perder las costumbres, mi comienzo ha sido "triunfal": me han perdido las maletas. La conexión en Paris era muy corta y además el vuelo desde Bilbao salió 15 minutos tarde, de modo que nada más aterrizar en Paris vino una furgoneta con una chica encantadora a buscarme. Hasta ahí todo bien, el problema es que yo llegué a coger el avión de China, pero mis maletas no. Después de ver desesperada que todo el mundo se alejaba de la cinta con sus bartulos menos yo, me acerqué a la oficina del aeropuerto de Guangzhou Baiyun y rellené el pertinente formulario. Segun me han informado, me devolveran mis maletas mañana o pasado, aunque me lo creeré cuan do las tenga en mis manos. Y yo con estos pelos... Que quede entre nosotros, espero que no le pase nada al jamón ibérico que me he traido...

El viaje ha sido un infierno, ya no sabía como colocar mis maltrechas posaderas (a causa de una caida) para evitar que me martitizasen, por no decir con que cara me miró mi compañero de asiento cuando saqué de la bolsa el flotador para estos menesteres. Tendré que ponerle un cartel en un lateral: "no tengo hemorroides". Pero aún así he conseguido dormir bastante gracias y mi combinado dormidina + vino blanco y también me ha dado tiempo a fulminarme el libro de "el niño del pijama a rayas", que por cierto, es triste, pero pensé que iba a serlo aún más.

Esta vez he de hacer un viaje relámpago a las fábricas de Vietnam. No se ni cuando ni cuanto tiempo. No sé si tendré tiempo para todo lo que hay que hacer ni si en realidad volveré para la fecha programada. No se donde están mis maletas, aunque me lo supongo. ¡No sé nada! Espero que la próxima vez que escriba tenga las cosas más claras, porque entre el jetlag y la desinformación tengo la cabeza como un bombo.

Bueno, me piro a la piltra. Ya os contaré como van las cosas.

jueves, 26 de junio de 2008

Adiós, China, adiós.

China, país extraño que te haces un hueco entre occidentales en la ranking mundial a golpe de hoz y martillo. China, te dejo y no quiero que me mires con esos implorosos ojos rasgados haciéndome dudar. Ya he aprendido como eres, ya he aprendido a amarte tal y como eres.

Ya no me río cuando hacen ruido al comer, ni me extraño por costumbres, olores o sabores. A veces me pone triste saberme inmune a las numerosas pagodas que desde montes cercanos a ciudades saludan desde las alturas o a la rara costumbre de limpiar enérgicamente con té cada una de las tacitas y platitos de los restaurantes (o cacharritos, como los llama mi jefe). Me pone triste que ya no me sorprendas, pero a la vez me haces sentir más tranquila y a gusto en el país que me acogió por cuarenta días y...como dice Sabina, quinientas noches. Ahora paseo por tus calles sin ver los escupitajos del suelo ni el atestado tráfico de tus ciudades, si no llenando mis pulmones del aroma de pastelerías y floristerías que veo al pasar.

Lena me ha comentado que le han ofrecido un puesto maravilloso en el Consulado de Méjico que no puede rechazar, y me alegro muchísimo por ella. Pero egoístamente pienso en lo que significa para mí: ya no volveré a trabajar con ella. Me despido con un caluroso abrazo y numerosos besos, ya que es la única oriental con la que puedo hacerlo (los demás se ponen rojos como un tomate) y me regala a modo de adiós un CD de un cantante autóctono, llamado Yangkun. Un poco almibarado, pero se deja escuchar. Nos prometemos volver a vernos en mi próximo viaje a China, allá por noviembre. La echaré mucho de menos.
Mi marcha se vuelve agridulce. Me siento contenta porque vuelvo al encuentro de mi marido, familia y amigos. Pero mientras un chófer me lleva hacia el aeropuerto zigzagueando entre las balsas de agua de la autopista fruto de las inundaciones, mi mirada se detiene en sus gentes, sus arrozales y su cielo nacarado. Tengo un nudo en el estómago.

Antes de llegar aquí traté de prepararme sicológicamente para que mi estancia fuera lo más satisfactoria posible. Sabía que mis altibajos emocionales me la podían jugar (según mi jefe soy un poco inestable, que delicia de hombre...), pero quería probarme a mí misma que podía hacerlo. De modo que respiré hondo y acepté la oferta. Pero en ningún momento se me ocurrió pensar que también es necesario prepararte para la vuelta al mundo occidental, a la realidad ordinaria de un mundo despejado de suciedad y que ahora se me antojaba anodino y excesivamente...normal. ¿A quién se le podía ocurrir la necesidad de preparación para volver a tu casa?

China se ha convertido en mi segunda casa, con sus aspectos buenos y malos. Con sus ínfulas de gran país y con su humildad cotidiana. La tendré en mi corazón junto con toda la gente maravillosa que he conocido y que me ha ayudado a entenderla y a superar la ardua tarea de luchar día a día con ellos mismos. He dejado de verla con la condescendencia de los ojos occidentales, he dejado de compararla con ningún país: China es China.
Imágenes: English.cri, picasaweb,

sábado, 21 de junio de 2008

Salir de marcha

Ay...hoy me he levantado con una resaca importante y con las pocas neuronas que tengo en actividad he decidido escribir esta entrada sobre como es la vida nocturna en China. O por lo menos la que yo he vivido.

Había quedado el sábado con Lena y su novio para salir a la noche por Foshan. Hacía un día soleado y despejado de nubes de modo que a la mañana aproveché para dar un paseo por el parque situado enfrente de mi apartahotel y sentarme en la hierba con un libro en la mano ante las miradas atónitas de los paseantes. De fondo me envolvía la música procedente de las clases de baile que diariamente se imparten a la sombra de unos árboles. Es algo muy común y lo he visto en diferentes ciudades. Con salsa, tangos o pasodobles de día y música más marchosa de noche, decenas de personas imitan como pueden los pasos y movimientos de una pareja de bailarines más expertos. No hay duda, sabes a quien tienes que imitar, sus trajes de lentejuelas deslumbran a cinco kilómetros a la redonda.

Una sopa cantonesa después (la mejor y más famosa de China) regresé al apartahotel y Corey, el botones, me preguntó cuales eran mis planes para el fin de semana. Se mostró entusiasmado con la idea de salir esta noche y tras preguntarme si podía agregarse, llamó a su primo para pedir consejo sobre algún garito. Su primo y la novia de éste también querían venir con nosotros. Total que quedamos a las once en el lobby del apartahotel. Lena, sabiéndome aficionada a los escotes, me recomendó un poco de recato si no quería ser confundida con una chicken. Resulta que coloquialmente se llaman chicken (chii) a las mujeres que se prostituyen, y duck (yaa-tse) a los hombres que se dedican a ello. Que encanto esta Lena...

A eso de las seis y media de la tarde, acostumbrada ya a sus horarios, mis tripas demandaban comida urgentemente, me adentré en una calle perpendicular a la del apartahotel y enfrente de éste. Esta calle es famosa en Foshan por los numerosos restaurantes de comida procedente de la provincia de Sichuan, que a la vez es famosa por ser picante de c*****s. Yo no quería nada picante, iba en búsqueda de una pequeña tiendita que me habían recomendado y en la cual ya había estado en otra ocasión. Pequeña y sin puerta alguna, tenía como único mobiliario una mesa redonda con una silla las cuales se encontraba en la acera por falta de espacio. Con gestitos, señalando con el dedo y por menos de 1€ me llevé una ración de sopa de pato y otra de dumplings, los más ricos del mundo.

¿Sabéis qué son los dumplings? Seguro que los habéis visto alguna vez. Los suelen tener cociendo a vapor sobre unas bandejas redondas de madera con la base de mimbre y colocadas todas ellas en torre cocinándose a un mismo tiempo. Se tratan de una especie de bolsitas moldeadas con una pasta parecida a los noodles y rellena de diferentes cosas, desde verduras, a pollo, marisco o ternera, que incrementa su sabor cuando los untas con salsa de soja. Si veis un restaurante especializado en ellos, entrad a probarlos sin dudar, están de muerte.

A las once de la noche y con nuestras mejores galas tomamos dos taxis para dirigirnos al Crazy Horse o algo de Horse, siento no acordarme muy bien. Casi todos los bares o discotecas, o como queráis llamarlos, cumplen los siguientes requisitos:
  • En un hall descomunal te esperan entre diez o quince camareras vestidas de princesitas o camareros vestidos como Prince (o The symbol o como se llame ahora) saludándote al unísono.
  • Uno de ellos te guiará por interminables pasillos con numerosas puertas de pequeños salones para hacerte tu propia fiesta privada, hasta llegar a un gran espacio abierto de techos altos con escenario-pista de baile rodeado de mesas y sillas.
  • Muchos de estos lugares se encuentran dotados de triforio como si de una gran teatro se tratase, ya que la noche suele comenzar con música en directo o espectáculos, para dejar después pista libre a los desatados bailoteos de la concurrencia de los que hablaré luego.
  • En cada mesa podréis ver cubiletes con dados. Son muy aficionados a jugar a una especie de Kinito* de reglas muy parecidas pero que no acerté a controlar del todo. Es una pena...yo que me había aprendido los números en chino...
Ya acomodados cerca del escenario, la camarera nos enseñó una carta donde la oferta de la noche era la cerveza Coronita que mis amigos orientales no conocían. Les aseguré que era una cerveza mejicana muy buena a sabiendas de que les gustaría su sabor suave, parecido a las cervezas que ellos suelen tomar, como la Tsingtao**. Les comenté que es muy popular tomarla con una rodaja de limón insertada en el cuello de la botella.
Por 300 RMB (me pareció carísimo para ser China) un camarero apareció con una caja grande con hielos y un montón de cervezas, dos bandejas de frutas variadas y cacahuetes, que no sé porque y los comas donde los comas, tiene cierto sabor a ajo. Mi fruta preferida: las waxberries. No sé como se llaman en castellano y jamás las había visto, pero su sabor intenso entre grosella y fresa me vuelve loca. También habían pedido para mi sorpresa un plato de rodajas de limón que mañosamente preparé en los botellines de cervezas de todos. Les encantó.

Cuando terminó el soporífero espectáculo con monje Shaolin incluido estampándose azulejos en el bolo, mis oídos agradecieron una sorprendentemente buena música house. Pero cuando giré la cabeza hacia la pista y vi a toda aquella gente bailando atropelladamente...señor, señor...Quizá sea un tópico pero creo que Dios olvidó dar a los chinos el sentido del ritmo. Aprendí que si alguien se acerca a ti y comienza a beber de su vaso delante tuyo y mirándote a los ojos es que te esta retando a que termines también tu vaso de un solo trago. Te alentaran a que lo hagas alzando repetidamente la mano que les queda libre. Y si además eres foreigner con más razón. Es como las mareas: inevitable. También aprendí que para ir al baño y no perderte entre los innumerables pasillos tienes dos opciones:
  1. Aprenderte la palabra tsesuo (baño) y rezar para que en la puerta ponga lady & gentleman en inglés. Después hacer un gran esfuerzo de memoria a pesar de tu embotamiento a base de cerveza y tratar de recordar el camino de vuelta.
  2. Dejar miguitas de pan a lo Pulgarcito.
Salimos todos a bailar a la pista. No tengáis miedo, vais a ser los reyes, los más guapos y los que mejor bailan. Incluso os imitaran y todo el mundo querrá bailar con vosotros. No es bueno acostumbrarse a esto. Cuando vuelva a Bilbao va a ser muy triste que ni Dios me haga caso...snif...Allí me encontré con dos australianos los cuales me decían que les encantaba Foshan. En fin...no han debido de viajar mucho por China, Foshan probablemente es la ciudad más fea de todo el país.
La noche se fue caldeando y bailábamos como posesos. La novia del primo de Corey se meneaba pegada a mí continuamente. Me tomaba de las manos, de la cintura o de donde sea siguiendo un ritmo cada vez más alocado. A dos centímetros de mí y sin previo aviso me besó apasionadamente y delante de su novio que ni pestañeó. Me separé, la sonreí y acto seguido le dije a Lena estar muy cansada y que volvía al apartahotel. Lena insistió en acompañarme y en el taxi le comenté alucinada lo que me había ocurrido. No se sorprendió en absoluto. Le pareció de lo más normal ya que, según ella, soy guapa y extranjera. Aunque yo insistía en que incluso su novio nos había visto no conseguí hacerla cambiar de idea.
Y ahora me pregunto ¿de verdad somos nosotros los que tenemos la mente abierta?

Kinito* Juego de dados euskaldun cuyo propósito es que el perdedor beba.
Tsingtao** Cerveza tan popular en China como San Miguel aquí.

lunes, 9 de junio de 2008

Y al final....Xi'an

Finalmente y después de haber preparado unas cuantas excursiones tuve que quedarme solo con una.



Beijing, lo había descartado desde el principio, lo vuelos y hoteles han multiplicado su precio casi por cinco a raíz de los Olympic games y no me pareció el momento adecuado para viajar a esa ciudad, aunque ganas no me faltaron. Otra vez será. La excursión del Tíbet se vino abajo por los conflictos que causaron la antorcha olímpica, el gobierno no da visados para acceder a este área montañosa de China. Con los que me apetecía ver el palacio Potala...Dicen que a finales de junio será posible...qui lo sá. Otra opción era Chengdu, devastada por el grave terremoto y por más de 200 réplicas de más de 4 grados en la escala Richter. Tenía muchas ganas de ver el parque de osos panda y el buda Dafo de Leshan, en el foro de Los viajeros leí comentarios de mucha gente que había estado allí y que aseguraba no haber ningún problema. Pero Lynn y Lena casi se pusieron de rodillas y me pidieron por favor que no fuera. Lo mismo ocurrió cuando les comenté mi intención de viajar a Guilin, lleva más de dos semanas lloviendo ininterrumpidamente en el sur de China y el río Li (por el cual se hace una travesía en barco maravillosa) está a punto de desbordarse. Estoy empezando a pensar que soy yo la que trae mal fario a los chinos...El lunes día 11 de junio es fiesta aquí, en China, y quería aprovechar este workingbreak para hacer algo, lo que sea.



Pero por fin, el viernes a última hora decidimos Lynn y yo ir a Xi'an, antigua capital de China. En cuanto terminamos nuestro recorrido por las fábricas, nos acercamos a una agencia de viajes y compramos los billetes de avión, que, por no perder la costumbre, tardaron un milenio en hacerlos. Nuestro vuelo salía el sábado por la mañana, un vuelo de dos horas y media (madre, que grande es este país...). Y a eso de las tres de la tarde aterrizamos dejando atrás el verdor y la espesura del clima húmedo tropical de Guangzhou para adentrarnos en la planicie de la provincia de Shaanxi. El clima es mucho más seco, agradable y respirable, desprovisto de la capa contaminante que barre los cielos de la capital de la provincia de Guang dong y que impide que el sol ilumine las ciudades grises ensombrecidas por los altos rascacielos.



Nada más salir del aeropuerto y frente a la terminal de llegadas, tomamos un autobús que por 25 RMB (2,50 €) te deja en el centro de Xi'an. Allí nos alojamos un el Melody hotel, junto a la parada de autobuses del aeropuerto y en pleno centro turístico. Limpio y agradable, costaba 180 RMB la habitación doble, quedando a nuestra derecha The bell tower y a nuestra izquierda The Drum tower, unas pagodas preciosas e imponentes en medio de la ciudad. Por cierto, en China hay que tener cuidado con los engañosos mapas de las ciudades: aunque en ellos parezca que nuestro destino está cerca, las distancias son muchísimo más grandes de lo que os podéis imaginar. Contratamos en el hotel un tour por unos 300 RMB , ya que algunos lugares turísticos se encuentran algo lejos de la ciudad (los guerreros de terracota están a 28 km.) y estuvimos acompañadas por dos americanos, dos noruegos y dos ingleses. Parece que voy a contar un chiste...



La pagoda del ganso salvaje y sus alrededores son una maravilla. Se encuentra flaqueada por un gran parque arbolado y una fuente cibernética que ofrece espectáculo con música por la noche. Advertencia: está llenísimo de gente.



La muralla que recorre la parte vieja es también impresionante. Se encuentra totalmente intacta y tachonada de pagodas aquí y allá. Tiene unas vistas preciosas de la ciudad y de los encantadores pequeños barrios de los alrededores. Su recorrido es de 14 kilómetros (nosotras solo hicimos dos) pero puedes alquilar una bicicleta para que no se haga excesivamente pesado.



Pero por supuesto la visita estrella fueron los guerreros de terracota. Cuesta creer que alguien hace 2.200 años creara todo aquella magnifica obra para el descanso eterno de un emperador. Terminé la memory card, creo que hice fotos a cada uno de los guerreros, y eso que son 6.000. El guía nos comentó que algunos de los que se encontraban en estado más frágil se habían visto afectados por el terrible terremoto que azotó China hace unos días, dejando una barbaridad de muertos y gente sin hogar. Aún les queda fosas sin descubrir, pero no se atreven a hacerlo sin la tecnología adecuada. Algunos se encuentran reconstruidos trozo a trozo y su intención es poder recolocar todo el ejército tal y como se hizo para el mausoleo del emperador Qinshiuang, el primer emperador de la historia China. Me temo que tienen mucho trabajo aún por hacer pero me quedé encantada de ver aquella maravilla. Cada una de las caras de los guerreros es diferente a otra y cuidaron los detalles hasta el extremo de marcar las uñas y las pequeñas arrugas de los nudillos de las manos. De tamaño natural con una estatura de 1,90 cm. el guía nos dijo que a pesar de que la media en China es mucho menor, para aquellos ejércitos se escogía lo mejor de lo mejor, aguerridos guerreros fuertes y altos.

En Xi'an pude ver muchísimos turistas occidentales (entre ellos bastantes españoles) y el carácter vacacional de la ciudad me hizo sentir un poco de morriña, sobre todo sabiendo que he de quedarme diez días más cuando ya casi me había hecho a la idea de que me quedaba solo una semana. Que se le va a hacer...el trabajo es el trabajo.



Aquí podréis ver más fotos de mi viaje: Xi'an, fotos
Y aquí una explicación más amplia de lo que se puede ver en Xi'an: Xi'an, recorrido

domingo, 18 de mayo de 2008

Mi primer día: Viaje a Cantón

Empezar no es que empezase especialmente bien la cosa. Una que, con los nervios en punta y el estomago hecho un guiñapo, se había hecho ya a la idea de desaparecer por un mes surcando los aires. Pero mi vuelo Bilbao-París se retrasaba una hora y perdía la conexión con el vuelo a Guangzhou, así que con las mismas me dí media vuelta a mi casita con maleta en ristre (que pesaba bastante la condenada) para volver al día siguiente. No me hacía mucha gracia volar de día, ya que es mucho más difícil amenizar el viaje con una buena sobada de unas 10 horas. Creedme, yo lo hago, se hace cortísimo. Lo aprendí de mi jefa, mi querida Mª Asun: un par de vinos blancos emparejados con otro par de dormidinas y para cuando te quieres dar cuenta estás ya aterrizando. Esto está realizado por profesionales, no lo hagáis en casa u os pareceréis a Melendi.

Aterricé a las seis de la mañana en una ciudad que amanecía surcada por una espesa niebla, fruto de la naturaleza o de la contaminación, qui lo sa. Para suavizar el efecto jet lag, me fumé el último pitillo occidental mientras esperaba a Lena, una chica china encantadora, risueña y bastante alta para la media oriental. Ella y Gao (el conductor) me llevaron a mi apartamento, Sunlight apartaments en Foshan, el cual era muy espacioso, limpio, acogedor y con una cama enorme de dos metros de ancho.

Después de revisar el apartamento y ver que necesitaba, Lena y Gao se fueron a comprarme algunas cosas mientras yo me dejaba caer en la espesura de las sábanas almidonadas. Creo haberles visto entrar entre sueños a dejar las compras. Cuando me deperté al de cuatro horas me habían dejado fruta, café, leche, azúcar y algunas otras cosas de menaje, como un wok, el cual no sé si llegaré a usar. Es una pena pero cocino como Subijana: lío una cacharrada que no os lo podéis ni imaginar y no es cuestión de hacerlo en un hotel. Aún estoy inspeccionando que es el aparato ese que hay en la cocina. No soy capaz de distinguir si es un horno o un lavaplatos. La cuestión es que tiene como dos cajones de rejilla aptos para colocar los platos pero no veo ningún cajetín para introducir el detergente. Por supuesto los mandos y botoncitos están en chino y no da lugar a suponer para que es cada uno. Seguiré investigando.

A eso de las 18:30 me aventuré a buscar un restaurante decente o medianamente parecido a los que había probado en otras ocasiones y así poner aprueba mi corto vocabulario chino. Y fué un fracaso. La comida no, estaba riquísima, el fracaso fue mi vocabulario. En Bilbao me aprovisioné de un diccionario de chino, una de esas guías para viajeros. Pensé que con decir "sopa" (tang·lèi) y "pollo" (chii) ya estaba pidiendo sopa de pollo. Perooooo...."sopa de pollo" todo junto se dice de otro modo. Bueno, por lo menos me entendieron el "chii". Después de la sopa me debieron de ver acalorada y me pusieron un aparato de aire acondionado en la oreja a -15º.

Bueno, mañana más y mejor. Me voy a dormir.